El otro día me encontré por Twitter un clip sacado de los streamings de Tom Walker, concretamente un corte perteneciente a la serie en la que intenta completar GTA IV pero con la particularidad de que los coches de Liberty City tienen un valor de aceleración modificado absurdamente alto. Como resultado, la posibilidad de ser arrasado por uno de los famosos taxis amarillos o ser alcanzado por una explosión de un vehículo cercano es casi segura, solo maleable por la aleatoriedad de las físicas del juego. Es ahí donde la movida se vuelve interesante.

Como dato, el motor de físicas que suele usar Rockstar desde esta entrega y que sirve de base de esta locura es Euphoria. Hay varias demos en YouTube para hacernos una idea de como responde en distintas situaciones. En todas ellas los cuerpos físicos, los tanto humanos como los objetos, actúan en un valle inquietante entre lo realista y lo exagerado. A finales de la primera década de los dos miles, se publicaron el ya mencionado GTA IV, Star Wars: The Force Unleashed y Backcreakers, tres títulos que proponían usos diferentes de la tecnología: el primero para dotar de realismo una ciudad entera; el segundo para hacer más creíble esa fuerza que alimenta su universo; y el tercero llenaba los campos de futbol americano de colisiones y tackles a cada cual más espectacular. A YouTube llegaron mogollón de videos de clones siendo lanzados contra cajas, placajes en pleno salto o de el pobre Niko saltando de un coche en marcha en mitad de una autopista. Por que, claro, un buen ostión lo más real posible sin consecuencias para les afectades es de las cosas más graciosas de la vida.

Como supondréis, en esta versión de GTA IV acompañar a Niko Bellic durante toda la aventura se convierte en un ejercicio de absurdamente complicado de una manera que poco tiene que ver con el manido discurso de la dificultad en los videojuegos. Al contrario que en las no-hits, las speedruns o los lockes en Pokemón, aquí no estamos añadiendo pequeños factores para incrementar que sea más duro llegar hasta el final. Modificamos las entrañas del juego para convertirlo en una experiencia caótica en la que poco podemos hacer a los mandos. O sí.

En los videos que Tom Walker está subiendo a YouTube, compuesto de clips de su Twitch, podemos ver como llega a la conclusión de que las calzadas son el lugar menos seguro y empieza a buscar las famosas elevadas vías del tren de Nueva York o los tejados —donde no circulan coches, vaya—. Al igual que en las no-hits o las speedrun, los entornos y las mecánicas del juego se contextualizan y lo que en un principio parecía imposible, tiene sentido más allá de la infinita fuente de comedia slapstick en la que se había transformado. De paso, vale la pena destacar el matiz de caricaturesca crítica al caos y la hostilidad de las calles de las ciudades americanas contra los peatones.

Por eso, después de quedarme atrapado por lo entretenido y divertido de los vídeos y rechazando la vara de medir en la que puede utilizarse el pasarte un juego cuanto más vida te quitan los enemigos, propongo más ejercicios como este, abrazando la diversión sin más. Algo infantil pero que tan bien funciona, slapstick en estado puro. Incluso extenderlo a otros juegos con la magia del modding. Pasarse Gran Turismo pero en cada carrera del jugador hay otra disputándose en el sentido contrario del circuito, teniendo que esquivar coches en contra dirección. Una partida de Civilization donde cada ronda cae aleatoriamente una bomba nuclear en el mapa. Un modo manager de FIFA —o como quiera que se llame ahora— pero con 4 pelotas a la vez en los partidos y 18 jugadores o jugadoras en el campo al mismo tiempo. O una partida a Fallout en el que cada NPC habla un idioma distinto. Todo ello, eso sí, ha de afrontarse con el objetivo de pasarse el juego. Como se decía antes, por los loles.

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Kenny Barranco

Escapista del capitalismo a tiempo completo, siempre fracasando. Mientras lo sigo intentando, escribo, toco la guitarra y leo en mis ratos libres. Juego a la consola cuando estoy ocupado. Madrileño para colmo, asturiano en el sentimiento.

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