En el limbo entre ser quien ejecuta las acciones de les personajes y ser espectador de una historia, mirar un juego se ha percibido como nimio. En esta posición nos convertimos en alguien ínfimo para la conversación entre emisor y receptor, apenas podemos hacer pequeños aportes y es difícil no estropear así la partida siendo más pesades de lo normal. Pero me gusta. Lo llevo haciendo desde chiquito. A veces pienso en algunos videojuegos que forman parte de mi imaginario diario y en realidad no he jugado ni un minuto. Entonces, algo tendrá.

Como muches lectores, cuando había consola en casa pero pasar de la primera pantalla de Rayman era imposible debido al corto entendimiento de une niñe, eran nuestres hermanes quienes se encargaban de mostrarnos las virtudes del medio. En mi caso es algo que ha permanecido y evolucionado con el tiempo. Antes, solo el avanzar de la trama y las mecánicas me tenían enganchado. Ahora hay más matices en la experiencia.
Ver a otra persona jugar nos puede relacionar de manera diferente con un título. Por ejemplo, los controles tanque de los survival horror de psone me supuso una barrera, la cual salté para fliparme con la historia de la Corporación Umbrella —no juzguen, tenía 4 años—. O divertirnos con el show que puede hacer alguien carismático con los estímulos que Dark Souls no para de lanzar —mítica la serie de Isaac y Roc—, convierte a la saga en un espectáculo parecido a El Castillo de Takeshi. El miedo también ha sido una razón de peso para ser actor secundario. Exponerme a ese morbo suscitado por la Mansión Spencer o por el pueblo de Silent Hill pero siempre en la cobardía para coger el mando. O mirar partidas a Rogue-likes con la convicción de que las mías pueden ser distintas. Sin olvidarme de los juegos de estrategia. No tengo mente militar y puede que una o dos veces me haya flanqueado por el oeste a mí mismo, pero disfruto de una partida a Total War manejada por alguien que parece consultar El arte de la guerra a diario.

Se dice que «Si no lo juegas no lo experimentas al 100%» y, puedo estar de acuerdo, pero ¿acaso tenemos que esperar la misma relación con dos videojuegos por ser… ¿eso? Hemos aprendido que The Last of Us y Civilization pertenecen a la industria pero son diferentes, así que es plausible tener ganas de los dos lanzamientos, uno para metérnoslo por el culo según salga, en el mismísimo Game, y el otro seguirlo como una serie, a la espera de que el/la/le streamer de confianza suba el siguiente episodio.
Como comentaba, no puedo decir que he jugado a los Resident Evil pero me sé la historia de memoria, por tonta que sea. He vivido los giritos de BioShock en segunda persona e impactan como el autor pretendía y mi última experiencia parecida ha sido con Silent Hill 2, que verlo y sumergirme en las historias e interpretaciones que la comunidad ha construido alrededor me ha hecho un par de meses muy divertidos. El juego me encanta.

Para mucha gente es prohibitivo, por varios motivos, que para disfrutar del medio haya que tener la habilidad, valentía o si quiera el interés de coger el mando o el teclado. Otra cosa bonita de los videojuegos, que cada une puede disfrutarlos de la manera que le vengan en gana. Hilando con la primera capsulita, propongo las passive run como el nuevo hit que inundará las redes.
