Conversaciones de Guadalindie
No el evento de la industria que tenemos, sino el de la que queremos tener
Un desconocido tono de alarma me despierta, de repente, en la penumbra. El ambiente cargado y un bochorno que te cagas en los pantalones tampoco ayudan a sacarme de mi estado de atontamiento y desubicación, pero el familiar regusto a óxido en mi boca me indica que no tengo nada que temer: un día más, me he despertado en mi cuerpo. Sunrise, parabellum. Tras algunos segundos de arranque cerebral en los que pareciera que el tiempo se hubiese detenido por completo, consigo, al fin, centrarme. Estoy en Málaga. Más concretamente, en la habitación de hotel de un amigo que muy amablemente decidió cederme la mitad de su colchón tras una noche de fiesta. Por suerte no nos hemos dormido, pero tampoco vamos especialmente sobrados de tiempo, así que ventilamos un poco el habitáculo, nos aseamos y vestimos, y salimos por la puerta cagando leches: el segundo día de Guadalindie espera.
Nada más poner un pie en la calle, bofetón de calor. Siento que mi camisa de manga larga solamente denota mi inocencia de mitad superior de península y, por si fuera poco, las cuatro horas que conseguimos dormir sientan como dos al aplicarles todo el cansancio acumulado del viaje. Pero el caso es que, a pesar de todo, arreamos. Recorremos los cuarenta minutos que nos separan del FYCMA andando a ritmo ligero y mordisqueando unas manzanas que, de puro milagro, olvidé en mi mochila el día anterior. Tras una primera jornada de evento marcada por cubrir el stand de LOOP, por una peligrosa densidad de sentimientos intensísimos, y por perreos hasta el suelo en el Guarralindie, la nueva promete repartirse entre más horas de vender revistas y hacer algo de justicia a mi pase de prensa. Así, repaso mentalmente las personas a las que me gustaría entrevistar y las citas medio agendadas que tengo en el Notion para, con algo de suerte, recoger material suficiente y armar un articulillo interesante.
Llegamos al recinto ferial. La carga del iPhone marca 59% —mierda— y la grabadora que me acompañaba en el IndieDevDay sigue en mi bolsillo, pero ya solamente cumple funciones de reproductor mp3 —remierda—. Sin mucha más opción que hacer de tripas corazón, cruzo los dedos por que el modo ahorro de batería se comporte y me adentro de una vez por todas en la acristalada fortaleza que guarda en su interior la feria malagueña del videojuego. Y es justo entonces, cuando por fin siento que todo el jaleo mañanero empieza a asentarse, que doy con alguien a quien entrevistar:
(¡Haz click en los goti que campan por el Guadalindie o en los nombres de las personas entrevistadas para acceder a las respectivas conversaciones!)
¿Estás mirando esta publicación desde tu teléfono? ¿No te apetece lidiar con el clickable de más arriba? ¡Simplemente abre este desplegable!
¡Holi!
Fliparse muchísimo y hacer cosas con Godot para maquetar está, no nos vamos a engañar, bastante guapo. Pero también es verdad que, seguramente, la chisma clickable sea difícil de utilizar desde móviles. Por eso mismo, y también porque las opciones de accesibilidad nunca hicieron daño a nadie, os dejo por aquí una listita de enlaces a las entrevistas que enmarca el ejecutable de más arriba. Nada como el formato clásico, supongo, am I right, fellas?
Este artículo no habría sido posible de no ser por las maravillosas intervenciones de las personas entrevistadas. Su inteligencia y su cariño, sumado a todo aquello que quisieron explicarme, tienen el verdadero mérito de este texto. Muchas gracias de todo corazón a Afry, Alberto, Bibiki, Guille, Juan, Juno, Laura, Manon, Nepo, Paula, Rober y Sito. Un gran agradecimiento también a Ari por ayudarme con la revisión de los textos: sus ojos ven mucho más que los míos, y no os imaginaríais la cantidad de veces que he podido escribir mal la palabra Guadalindie. Finalmente, un abrazo enorme a la organización por haber hecho posible un evento que más se siente como un encuentro. No es casualidad que en todas las entrevistas se mencione lo maravilloso de la experiencia, así que enhorabuena por todo lo conseguido. Como ya dije en la crónica del IndieDevDay, poder trabajar con gente así de amable, talentosa y linda es el mayor de los privilegios.
Guadalindie
